China da ejemplo de lo que es combatir la corrupción. Wang Jiping,
exjefe de la Oficina de Impuestos de Pekín, ha sido condenado a muerte después de probarse que había desviado fondos
públicos; y recibir sobornos por más de 1.8 millones de euros, durante los años
2002 al 2009. Condenado por malversar fondos de adquisiciones del Gobierno entre los años 2002 y
2004; junto a una empresaria por valor de 1.28 millones de euros; además de
negociar empleos y contratos ventajosos, a cambio de regalos por un
valor de 532.266 euros, entre otros delitos. Según el Tribunal Popular Intermedio número1 de Beijing, Wang no actuó solo, sino con
la complicidad de su hijo, su hermano y familiares; que le ayudaron a amañar
los procesos de adjudicación. Si en España nos tomáramos en serio
lo de la corrupción, cuantos dolores de cabeza nos podríamos evitar;
y sobretodo, el dinero de todos sería administrado con responsabilidad, evitándose el
despilfarro al que estamos acostumbrados. Así es normal, que pocas
entidades públicas sean sostenibles, dando la excusa perfecta a los
privatizadores que ven también ahí un negocio.
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