“Las injusticias y las desigualdades han existido y existirán mientras el
modelo de sociedad sea el que es”
Carlos Sánchez - Además
de escritora es psicóloga clínica. ¿Háblenos un poco de estas actividades y
cómo repartió el tiempo entre la escritura de estos cuentos y la profesión?
Rosa Montiel - Hace dos años que
estoy jubilada, por eso creo más preciso decir que he sido psicóloga y,
además, me he dedicado a escribir como una forma de compartir mis
experiencias en valores universales como los sufrimientos, la ternura, el
amor, la crueldad, la avaricia, la generosidad...
Para repartir el tiempo se requieren
tres cosas: fuerza de voluntad, sentirse apoyada y tener ilusión…
En primer lugar, sentí el apoyo
que me dieron mis padres. A los trece años me procuraron estudios para ser
“oficinista” y así integré en mi aprendizaje mis primeras lecturas y
escrituras. Y cuando obtuve mi primer trabajo a los quince años, tampoco me fue
difícil robar horas al sueño y sacrificarme en muchas cosas porque tenía
en ellos un ejemplo viviente de personas que lo daban todo por la familia.
Mi sueldo era para cubrir gastos
familiares, pero con la parte que quedaba para mí, me compré a plazos una
Olivetti usada con la que, más de una noche era reconvenida por el ruido del
teclado. Así nacieron mis primeros poemas.
Más tarde encontré en mi
compañero a una persona no sólo comprensiva sino solidaria y colaboradora
en todo lo que estaba en su mano. Fue cuando pude presentarme a unas pruebas
llamadas “para mayores de 25 años” para ingresar en la universidad y comenzar
mis estudios de Psicología.
Y de nuevo el espíritu de sacrificio
y la ilusión hizo que añadiera al disfrute con las muchas e intensas horas de
dedicación a mi profesión un factor multiplicador al tiempo para dar rienda
suelta a mi imaginación y creatividad.
C.S. - Usted es una lectora incansable. ¿Podría
ilustrarnos un poco sobre sus escritores preferidos y libros imprescindibles?
R.M. - De adolescente, me hice socia
del Círculo de Lectores. Y de allí proceden mis primeros tesoros literarios,
los clásicos rusos y franceses, Chejov, Tolstoi, Zola, Balzac, Stendhal...
aunque en aquella época mi goce absoluto llegaba con la poesía (Cernuda,
Hernández, Vallejo...)
Con los años, el inventario fue creciendo y creciendo y no me es
posible destacar autores. Fueron tantos los que fueron convirtiéndose en
maestros... A la vez incorporé otro tipo de lecturas que me hacían
entender mejor nuestra realidad económica, histórica y social. Y, ¡cómo
no! El segundo sexo de Beauvoir me
abrió los ojos sobre el rol de la mujer en el mundo.
Ya casi cincuentona me reencontré
con Chejov y sus cuentos y me sumergí por completo en este género que ya
no he abandonado ni en mis lecturas ni, sobre todo, en mis escritos que poco a
poco fueron abandonando la poesía , y asumiendo el reto del cuento y su
exigencia de disciplina mental y emocional. Faulkner, Porter, Ribeyro,
O´Connor., Mansfield, Sherwood Anderson, Juan Bosch... y lo siento, pero de
nuevo me siento incapaz de centrar mis preferencias en unos pocos.
Aunque verme forzada a preferenciar
no es de mi agrado, para complacer este afán de señalar hitos, sí puedo decir
que el libro que más me ha impresionado de mis lecturas de los últimos meses ha
sido una novela de José Maria Arguedas, Todas las sangres. Aunque
escrito en los primeros sesenta no ha sido hasta hace poco que lo he
descubierto.
C.S. - Respecto a su libro, está catalogado como
relatos y cuentos de ficción, pero parecen muy cercanos y reales. ¿Qué hay de
cierto en esta impresión?
R.M. - Totalmente cierto. Pero muy
matizable. Todos mis cuentos son de ficción, lo que no excluye que algunos
de ellos tengan anclajes en mi trayectoria vital, sea con vivencias de mi
infancia o con las derivadas del ejercicio de mi profesión.
Juan Bosch dijo que el mejor tema
para un cuento es un hecho humano o, por lo menos relatado en términos
esencialmente humanos. Y eso es lo que he intentado hacer y trasmitir.
Hechos como en el que se inspira La
Zanja ocurridos durante la construcción de una avenida barcelonesa en penosas
condiciones, o mucho más íntimo, la progresiva pérdida de todos los
valores y energías de mi madre en los últimos años de su vida, son ejemplos
palmarios de esa raíz real sobre la que
se instala la ficción.
Y otra constatación de esa
vinculación imaginativa entre realidad y fantasía es que tanto la portada como
las fotos interiores del libro pertenecen al álbum familiar. Quizá esto
rompa con lo que creo llaman el libro de estilo de la literatura no biográfica
o histórica, pero en este caso hay multitud de razones para que se incorporaran
estas fotografías que, en todo caso, en ningún lugar ni siquiera se alude a que
forman parte de mis recuerdos.
C.S. - La mayoría de los relatos reflejan una
realidad dura y de injusticias que hoy en día siguen siendo igual de válidos.
¿Estuvo animada a publicar este libro a raíz de los efectos de la crisis, donde la pobreza y las injusticias vuelven a ser
recurrentes?
No, en absoluto. Todos los relatos
están escritos bastante antes de que comenzara eso que han llamado crisis. Las
injusticias y las desigualdades han existido y existirán mientras el modelo de
sociedad sea el que es. Si en algunos momentos se amortigua en algunos
países es a costa de otros y, cíclicamente, el sistema dispone de depurativos
si los mecanismos de obtener el máximo provecho tienen algún problemilla.
Puede que nuestra generación no haya
vivido ningún proceso con la dureza y yo diría desfachatez que ahora impera,
pero la pobreza de muchos ha estado siempre conviviendo con la riqueza de unos
pocos. No, no ha sido oportunismo la publicación de los relatos. El tiempo
trascurrido entre que intentas publicar y lo consigues es lo que dado lugar a
la coincidencia.
C.S. - El libro está dividido en tres partes: las
edades de la inocencia, sueños rotos y el invierno y la memoria. Más de la
mitad de los relatos y el libro en general se centran en la primera parte ¿Por
qué?
R.M. - Bueno, este resultado no es
tanto idea mía como del editor. Yo presenté una treintena de cuentos y,
por criterios muy respetables, eligieron los veinte más uno que se publican en
el libro Recordar el olvido.
Efectivamente, puede parecer que yo
he escrito mayormente relatos de temática integrable en el primer bloque. No es
así. Pero había que buscar la mejor forma de presentar la obra y el criterio del editor, para mí, era
también muy importante. Hay que tener en cuenta que soy una advenediza y
bastante se ha hecho con tomar las decisiones de forma conjunta. Estoy
satisfecha del resultado final de la selección y creo que el libro ha quedado
bien equilibrado y representativo de mi obra.
C.S. - Inmigración, acoso escolar, desamor,
pérdida de seres queridos, vejez, hambre, etc. son los argumentos de estos
cuentos ¿Tiene más cuentos en la recamara como para otro libro?
R.M. - Los argumentos han surgido de
la contemplación de la vida misma y el intento de darle un contenido que mueva
y conmueva, que estimule la sensibilidad y las ideas del lector, que posea un
alma y un sentimiento más allá de la letra y que abra un escenario donde sea
posible, con la voluntad y la lucha, encontrar una vida mejor.
C.S. - Con estas premisas
es evidente que siempre se mantiene la intensidad vocacional para escribir y
por eso siempre es posible se mantenga el don creador que genere nuevos
cuentos.
R.M. - De todos modos, no es cuestión de cantidad. Si fuera por eso,
con los que ya tengo escritos daría para un par de volúmenes más. No, es algo
mucho más profundo y dependerá de los derroteros que adopte mi vida el que
salgan a la luz o no.
Esta entrevista, al ser material promocional, puede ser reproducida
total o parcialmente en cualquier medio indicando: © Carlos Eduardo Sánchez Estarita - ceseyo


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